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Arte y Jazz: La imagen y visualidad de un Nuevo Festival

Artículos  I   Por: María José Concha  I     

A principio del 2015, se reunió el grupo conformado por los músicos, Pedro Greene, Rodrigo Cuturrufo, Cristián Cuturrufo y Felipe Greene, junto a Miguel Luis Lagos y Matías Awad, de Construye Cultura producción ejecutiva del Festival, con el fin de pensar y dar vida al que sería el primer Festival Chile Jazz.

Tras definir  los principios y bases que lo sustentaban, surgió la inquietud de que forma darse a conocer al público de manera transversal y cómo hacer que este festival lo sintieran propio tanto los conocedores de este medio, como aquellos que sentían al jazz algo ajeno. Entonces, viendo la trayectoria de otros festivales, pensaron que era importante para la difusión de este contar con un afiche, que fuera icónico y que relacionara desde su visualidad los conceptos profundos que estaban forjando la identidad propia de este nuevo festival.

Es ahí cuando me invitaron a ser parte de este gran proyecto como directora de arte. Había que buscar quién podía ser el ejecutor del afiche. Pensamos entonces que debía ser un artista que estuviera involucrado con nuestra historia musical y con nuestra identidad país.

Aunque su vinculación con el jazz no fuera la más natural, surgió el nombre del artista René Olivares, como figura ligada a la plástica, para ayudarnos a desarrollar esta primera imagen que nos identificaría como un nuevo festival. René, artista visual radicado en Francia y autor de la mayoría de las caratulas e imágenes del grupo Los Jaivas aceptó encantado el encargo. Además habíamos compartido en el último tiempo con él, mientras estaba de visita en Chile. Él a su vez tenía una antigua amistad con Pedro Greene y esto los reencontró después de varios años.

Conversamos con René de los conceptos del Festival, la transversalidad, la itinerancia, la identidad, sobre el sonido del color, la vibración y el lenguaje plástico de la música, y así como el gran Kandinsky quizo llevar la música al bastidor, René tomó el color como su base para desarrollar el afiche,recordando los tiempos en que hacía afiches de propaganda. Su imagen central era un volantín que vibraba sobre un fondo en su color complementario y  en su interior contenía la chakana, esa imagen que representa la cosmovisión andina y que une la cosmogonía indigena de norte a sur.  Este volantín elevado sobre una cordillera, columna vertebral  de nuestro pais.

Ya con nuestro afiche listo, empezamos a pensar en la puesta en escena de esos tres días de Festival itinerante, algo que los uniera visualmente y que conectara nuestros sentidos con el momento que ibamos a vivir a través de la música de cada grupo.  La música debía ser la protagonista, sin lugar a dudas, pero el entorno y la presentación podía también acercarnos con otras aréas del arte y ese era uno de los roles que queríamos que tuviera el festival: a través de la música del jazz reunir distintas expresiones del arte.

El afiche de René me inspiró para pensar de que manera podría desarrollar una atmósfera nuestra a través del color. Con la luz que usaríamos para iluminar el espectáculo podíamos también presentar las atmósferas que nos anclan a nuestro territorio y a nuestras experiencias. La luz color para teñir el escenario y poner a los músicos en un lugar especial que preparara nuestros sentidos para vivir en forma aún más completa la experiencia del jazz.

Recordé la obra de dos artistas que me han marcado en mi propia búsqueda que desarrollo a través de la pintura. La obra de Olafur Eliasson y del gran James Turrell.

Este último me cautivó con su última intervención que hizo en el Guggenheim de Nueva York donde fue tiñendo completamente de color los muros del museo usando cada día distintas gamas. El efecto que logró con el color sobre la arquitectura fue sobrecogedor.

Por otro lado Eliasson en sus obras, juega con efectos y fenómenos ópticos logrando espacios mágicos y generando atmósferas impactantes.

Para llevar a cabo la puesta en escena de este proyecto fue muy importante la labor de los iluminadores, pues sin ellos habría sido imposible generar las ambientaciones que estaban pensadas y proyectadas en el papel. La escenografía entonces era un lienzo en blanco listo para ser pintado con la luz y coronado en el centro con el volantín que nos había regalado como icono del Festival el afiche de René.

Nuestro equipo se fue transformando en un equipo multidisciplinario con el arribo de Philippe Blanc, arquitecto y fotógrafo, quien se encargó del registro fotográfico tanto de los músicos, como de la vivencia del Festival durante el desarrollo de este.

Phillipe, dentro de su particular forma de observar y retratar, fue tejiendo a través de su lente, la historia de este primer Festival Chile Jazz.

También hubo un valioso trabajo que se hizo a través de la plataforma web, que fue especialmente inspiradora, pues los creativos de Portable, captaron la esencia del Festival y hubo una cohesión muy grande en la visualidad que se transmitió en la web y lo que sucedió en los tres días de música sobre el escenario.

En mi rol de artista y colaboradora, esta experiencia  fue un regalo y un desafío muy gratificante.  Me permitió ampliar mis horizontes y mi trabajo creativo, buscando y desarrollando nuevas visualidades y atmósferas para la difusión, el montaje y la puesta en escena.

El Festival Chile Jazz, logró sumar la energía de muchas personas, que propusieron y generaron una mística especial desde su génesis. El por qué surgió y cómo se desarrolló fue un aporte vital para la creación, pues se logró una estrecha complementación entre el jazz ( como protagonista) y  otras expresiones del arte.

Crédito Fotografía: María José Concha