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El aporte de Daniel Lencina al jazz en Chile

Artículos  I   Por: Alvaro Menanteau  I     

Daniel Lencina se radicó en Chile en 1972, permaneciendo en el país hasta su fallecimiento, en octubre de 2017. Este artículo busca explorar los aportes musicales de Daniel Lencina como músico activo en nuestro medio, en particular en la escena jazzística local. En un apretado resumen, podríamos decir que Daniel Lencina contribuyó a dinamizar la escena del jazz local desde la década de 1970 en adelante. Él ayudó a profesionalizar la figura del jazzista chileno, abordó diferentes estilos de jazz que anteriormente eran considerados como incompatibles, alentó a músicos más jóvenes a integrarse en el circuito profesional, tuvo una intensa actividad en la publicidad vía jingles comerciales, compuso un puñado de jingles que hoy están en la memoria colectiva de muchos chilenos, contribuyó a instalar el jazz en la televisión chilena, fue un número habitual en el Club de Jazz de Santiago en su sede de Macul con Irarrázaval, encarnó la figura del ‘entretenedor’, reuniendo simultáneamente en su persona al trompetista versátil y al cantante, y así, suma y sigue.

Pero vamos por el principio. En primer lugar hay que consignar que Daniel Lencina nació el 17 de julio de 1938 en Fray Bentos, ciudad de Uruguay ubicada en el extremo occidental del territorio, en el borde oriental del Río Uruguay. Se formó musicalmente con un maestro particular de trompeta, para luego instalarse en Montevideo. Allí integró el conjunto de jazz Hot Blowers, junto a Rubén Rada y los hermanos Osvaldo y Hugo Fatorruso, entre otros. Con los Hot Blowers visitó Chile en 1961. El pianista Giovanni Cultrera lo recuerda de la siguiente manera:

Un día hicimos un concierto de jazz en Antofagasta, con un grupo que venía de Argentina, los Hot Blowers. En este grupo había un muchacho de veintitantos años, que era Daniel Lencina, quien tocaba la trompeta. Ahí conocí a Daniel Lencina, fue el año 1961. Fuimos muy buenos amigos, y tocaron bien, eran muy buenos músicos.

Los Hot Blowers tuvieron una buena recepción en Chile, gracias al estilo hot jazz que cultivaban. Esto ocurría en un momento en que comenzaba a asomar el jazz moderno, más inclinado al estilo cool y con fuertes influencias del bebop. En 1972 Lencina se radicó en Chile, haciéndose rápidamente de un espacio en el Club de Jazz de Santiago, que por aquellas fechas funcionaba en calle California.

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Foto 1. Daniel Lencina tocando en el Club de Jazz de Santiago, junto a los hermanos Lecaros. Foto archivo de Roberto Lecaros.

Una evidencia de su rápida inserción en el medio jazzístico local fue su participación en el primer concierto de jazz realizado en el Teatro Municipal de Santiago, el 5 de agosto de 1972. En aquella oportunidad Daniel Lencina integró el conjunto Swingteto, un quinteto de jazz moderno en que él tocaba trompeta y flugelhorn, junto a Patricio Ramírez en saxo alto y flauta, Mario Lecaros en piano, Roberto Lecaros en contrabajo y Lucho Córdova en batería.

Otra actividad importante que realizó en aquella época fue su participación en los ensayos del grupo Fusión en la localidad de El Canelo, en el cajón del Maipo. Allí se ponía a punto un repertorio novedoso para la escena local, el jazz eléctrico impulsado en Chile por el bajista peruano Enrique Luna. Con el grupo Fusión Lencina ensayó y tocó en vivo, hasta que el 1975 el conjunto logró grabar su única producción discográfica para el sello Alba, el LP Top Soul. Junto a Lencina y Luna, otros músicos que participaron en este registro fueron Orlando Avendaño (batería), Mario Lecaros (piano y teclados), Davis Estánovich (saxo tenor) Santa Salas (percusiones) y Lautaro Rosas (guitarra eléctrica).

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Foto 2. Daniel Lencina integrando el grupo Fusión, junto a Enrique Luna en bajo eléctrico y David Estánovich en saxo (de espaldas). Foto archivo de Orlando Avendaño.

En 1974 integró el octeto creado por el pianista Ronnie Knoller, que se presentaba regularmente en el programa Tiempo de Swing, transmitido semanalmente por Televisión Nacional de Chile. El octeto tenía el mismo nombre del programa, y por un convenio entre el canal y la Municipalidad de Viña del Mar, tuvieron la posibilidad de actuar en el Festival de la Canción de Viña del Mar en 1974.

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Foto 3. Integrantes del grupo Tiempo de Swing, tocando jazz en Televisión Nacional. Foto archivo de Orlando Avendaño.

Paralelamente Lencina participaba en el programa El Teléfono Musical, transmitido por Televisión Nacional a mediodía. En este espacio Lencina lideraba un grupo musical junto al baterista Orlando Avendaño, recibiendo llamados telefónicos de los televidentes y transformando sus números telefónicos en una melodía, que luego el conjunto interpretaba. La fama de estos programas de televisión, su regularidad en las transmisiones y el efecto del toque de queda contribuyeron a dotar a los músicos participantes de una tremenda exposición mediática. Del mismo modo, el programa Tiempo de Swing contribuyó a posicionar el repertorio jazzístico en la televisión chilena, algo que previamente había sido mucho más eventual y azaroso.

Una vez instalado en el medio musical chileno, Daniel Lencina supo aprovechar las posibilidades laborales que se le abrían. Su personalidad extrovertida, sumada a sus versátiles capacidades musicales le permitió vincularse por 22 años al popular programa Sábados Gigantes. Allí Lencina compuso el tema principal del programa y varias melodías breves que servían como cortinas musicales. También creó el tema principal del programa infantil Cachureos, mientras que paralelamente incursionaba en la composición y grabación de jingles comerciales.

En el plano estrictamente jazzístico, Daniel Lencina contribuyó a dinamizar la escena local a través de su participación en diferentes agrupaciones, a veces con orientaciones musicales bastante diferentes. Fue así como integró grupos de swing junto a experimentados jazzistas de la generación anterior a 1972, como Lucho Córdova, Yuyo Rengifo, Lucho Aránguiz, Giovanni Cultrera, Mariano Casanova, Ronnie Knoller, Fernando Otárola o Alfredo Espinoza; la lista es interminable.

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Foto 4. Daniel Lencina junto a representantes de la vieja guardia del jazz chileno en 1986: Lucho Córdova (izquierda) y Ronnie Knoller (derecha). Foto archivo de Lucho Córdova.

Luego de la fallida participación en el grupo Fusión, a fines de la década de 1970 formó parte del grupo Koalición, proyecto que tampoco fructificó, pero que le conectó con músicos más jóvenes. Este relevo generacional tuvo la oportunidad de nutrirse de la musicalidad y experiencia de Lencina, formando conjuntos con diversos formatos instrumentales, que rara vez ensayaban, practicando el repertorio estándar del jazz internacional de manera directa, fresca y segura.

Daniel Lencina se caracterizó por avalar a los jóvenes intérpretes que surgían en el medio local. Generalmente invitaba a los nuevos talentos a compartir escenarios con él, ayudando de este modo a romper con los prejuicios generacionales y estilísticos que en el pasado habían limitado el desarrollo del jazz en Chile. Desde el baterista Alejandro Espinosa hasta el trompetista Cristián Cuturrufo pueden dar testimonio del decisivo impulso que Lencina dio a sus carreras en aquellos momentos iniciales en que ellos buscaban insertarse en el medio.

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Foto 5. Cristián Cuturrufo y Daniel Lencina.

Lo mismo puede decirse de las cantantes, con las cuales compartió memorables duetos vocales, como Silvia Lobo, Rossana Saavedra, Natalia Bernal o Fabiola Moroni. Porque aparte de su desempeño con su trompeta, Lencina gustaba de explotar sus cualidades de cantante con el repertorio de la canción popular norteamericana, también llamado Tin Pan Alley. Si bien ese repertorio de raíz anglo le gustaba de manera particular, también es cierto que gracias a una asociación con el pianista Valentín Trujillo, Daniel Lencina tuvo la posibilidad de deleitar a su público con repertorio latinoamericano, en particular con boleros.

En el año 2013 le fue conferida la nacionalidad chilena, y si bien la muerte nos lo arrebató luego de una lenta agonía, Daniel Lencina se fue como se van los grandes. Con su partida tuvimos la conciencia de que un gran músico nos abandonaba, dejando tras de sí un magnífico rastro de perseverancia y musicalidad, elementos que junto a su personalidad contribuyeron de manera decisiva al desarrollo del jazz chileno en los últimos 45 años.

Crédito Fotografía: Philippe Blanc (fotografía de fondo)