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Branford Marsalis Quartet. Festival de Jazz de San Bernardo 13/11/2015

Crítica  I   Por: Felipe Greene  I     

Nada más entrar al parque García de la Huerta el jazz inundaba las venas del público asistente. El ambiente era relajado, grupos de amigos, familias, parejas, disfrutaban de este lugar, inmejorable para acoger un festival de jazz.

El concierto que me convoca es  el de Branford Marsalis Quartet, que nos visita por primera vez.

Branford Marsalis, es un músico que a sus 55 años está en plena forma. Se desenvuelve en casi todos los ámbitos que ofrece su profesión, mostrando un oficio que le permite desarrollarse en las áreas de composición, músico de jazz,  intérprete de música clásica, dirección musical, colaboraciones con artistas de distintos medios, producción y docencia.

Estamos ante un gigante y nos preparamos para escuchar lo que nos tiene que decir.

En el jazz, la formación con la que más ha trabajado y a la que habitualmente se le asocia es su cuarteto; él a los saxos tenor y soprano, acompañado por piano, contrabajo y batería. Como en la mayoría de agrupaciones de jazz, los músicos han ido cambiando durante el tiempo aunque gran parte de la identidad del Branford Marsalis Quartet se desarrolló con la base de Jeff “Tain” Watts a la batería y Robert Hurst al contrabajo, seguido por Eric Revis. En el piano Kenny Kirkland es el referente que fue sucedido por Joey Calderazzo, en el cuarteto hace más de 15 años.

Para este tour latinoamericano vino con músicos nuevos; Samora Pinerhughes al piano, Russell Hall al contrabajo y Justin Faulkner a la batería, quien integra el cuarteto desde 2009.

El Banford Marsalis Quartet tiene muy claro su discurso y se lo entrega al público desde el segundo uno del concierto hasta que tocan la última nota. La primera imagen nos grafica muy bien esto. Vemos la banda salir al escenario con un vestuario impecable, una actitud relajada como de quien está junto a sus amigos tocando en el living de su casa, y sin mucho preámbulo, Faulkner lanza unos primeros golpes a la batería prácticamente echado en el sillín, todo con sabor a tradición, a las tardes de Nueva Orleans. El primer tema desencadena inmediatamente en un hard bop muy intenso que se mantiene  arriba durante todo su minutaje.  Tradición, mainstream, vanguardia. Estos son los ingredientes de los que está elaborado el cuarteto.

La segunda canción es el standard “In a Mellow Tone”, compuesta por Duke Ellington. El cuarteto la aborda en su forma original, donde el foco está puesto en los solistas que juegan con el medium swing de la orquesta de Duke.

Resulta muy interesante ver como un líder de banda va acomodando las piezas para que fluya el discurso, especialmente cuando tiene músicos relativamente nuevos. Hay una comunicación muy sutil, un permanente conflicto entre conducir y dejar ser, cuando lo primero representa la capacidad para reflejar una creación y lo segundo es decir el camino está abierto, la magia está en el ahora. Mantener la tensión, la intensidad, es el objetivo y el compromiso que pide Branford a sus músicos es total.

Como tercer tema el protagonismo pasa a manos de Samora Pinerhughes, en la composición de Keith Jarret, “The Windup”. La banda aprovecha la riqueza rítmica de este tema caracterizado por un vamp de piano en 4/4 que deja la cancha abierta  y una melodía en la estética del jazz-fusión de los setenta.

A partir de aquí el libro ya ha sido abierto y la música va cada vez más profundo. Transitando por una composición de tempo lento basada en un ostinato de bajo que Hall interpreta con una precisión en el ritmo y sobre todo en la afinación que produce el efecto de un mantra, los músicos flotan sobre una atmósfera Coltraineana, introspectiva, de largo desarrollo en un lenguaje que tiene que ver con el free jazz. Continúan con la composición de Joey Calderazzo “The Mighty Sword”,  trabajada sobre un ritmo de calipso donde el interplay  atrapa a una audiencia que está totalmente involucrada en lo que está sucediendo.

Para terminar, Branford lo hace con un tema de su autoría, “In the Crease” del álbum Contemporary Jazz ,que se ha convertido en un clásico del cuarteto. En esta composición los músicos se desenvuelven con maestría sobre una estructura compleja que combina compases de distintas cifras. La concentración y la forma en que se escuchan, se reflejan en frases largas que parecen flotar sobre los compases pero que inesperadamente confluyen en puntos de encuentro. La canción finaliza con un solo de batería sobre un riff  donde Faulkner descarga tal arsenal de groove, sonido y lenguaje que deja bailando a todos sus compañeros de banda. El público no quiere que esto termine.

El bis es una vuelta a los orígenes con el clásico del jazz de Nueva Orleans “St. James Infirmary”, llevado a su terreno.

Después de un concierto así, de escuchar y ver a una banda que está viva, que a pesar de los 30 años que lleva en escena sigue en una búsqueda intensa de su lenguaje, que es sensible a los cambios que le suceden y se atreve a darles identidad, no queda más que agradecer, porque son una fuente de inspiración para todos quienes escuchamos su música.

Crédito Fotografía: http://www.hapakenya.com/